21.4.10

El sueño americano

La federación estadounidense supo ser un imperio tenístico, pero hoy casi no genera talentos y los busca por todo el mundo; el junior argentino Andrea Collarini aceptó su propuesta, se radicará en ese país y lo representará. No es un toque de atención para soslayar. Históricamente, los Estados Unidos fueron los dueños del tenis moderno, especialmente cuando el dinero empezó a inmiscuirse entre las redes con vivacidad. Ya sea desde los días de Jack Kramer y su troupe de amateurismo marrón hasta el momento en el que los jugadores fundaron la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP), nada menos que en EE.UU. Así, desde 1968 hasta aquí, cada fan disfrutó las hazañas de Jimmy Connors, John McEnroe, Arthur Ashe, Pete Sampras, Jim Courier, Andre Agassi. El mundo sufrió la potencia del imperio. En el circuito y en la Davis. En los sponsors, que se acercaban a los torneos, y en las cadenas de TV, que aportaron grandes sumas de dinero y lograron imponer el tie-break en los primeros cuatro sets de los partidos de Grand Slam. Basta con hacer un repaso de los días dorados para identificar ese dominio abrumador. En 1979, por ejemplo, el ranking de la ATP se cerró con siete nombres entre los top ten y 20 entre los mejores 50; diez años más tarde, en el lote de los diez distinguidos que clausuró la temporada estaban McEnroe, Michael Chang, Brad Gilbert, un joven Agassi y hasta el nacionalizado Ivan Lendl. Una década después, la llama estaba encendida por el duelo entre Agassi y Sampras, con la compañía de Todd Martin. Pero dicha brillantez es parte del pasado. El tenis norteamericano sólo tiene un top ten, Andy Roddick, ya veterano , y con nueve hombres entre los cien mejores del planeta. No surgen nuevos valores y a la USTA (United States Tennis Association), entidad que rige el deporte en ese país y cuenta con millonarias ganancias gracias a los dividendos del US Open, se le encendió la alarma. Se sabe que el pánico y la crisis se apoderan de los norteamericanos cuando detectan una emergencia. Por ello, primero buscaron valores en países periféricos para seducirlos con becas universitarias, usina del deporte y soporte estructural de los Estados Unidos. Hoy van más allá; hay que encontrar joyas donde sea. Y un terreno fértil en que detectaron talentos es nuestro país; más precisamente, a Andrea Collarini, un junior nacido hace 18 años en Nueva York, pero de padres argentinos, y criado y formado tenísticamente en nuestro país. El joven, que llegó a ser N° 1 argentino Sub 14 y el año pasado alcanzó el 5° puesto en el ranking juvenil de la ITF, tentado por las oportunidades del sueño americano , aceptó radicarse en EE.UU. e integrar sus equipos representativos. Todo comenzó cuando José Higueras, el español que fue rival de Guillermo Vilas y José Luis Clerc en los 70 y los 80, que le enseñó a Courier a moverse sobre polvo de ladrillo, y también entrenó a Sampras y asesoró a Guillermo Coria, tomó nota de la historia de Collarini. El año pasado, durante el Grand Slam neoyorquino, Higueras se acercó a Diego Moyano, el coach de Collarini, y formalizó una propuesta que hizo temblar a la familia del joven, más allá de tener un buen pasar económico. Concretamente, la USTA le ofreció alojamiento en Boca Ratón (Florida), comida, un contrato para que Moyano continuara como su coach, médicos, psicólogos, nutricionistas y un cuerpo de preparadores físicos a cargo de Pat Etcheberry, un gurú de la profesión que acondicionó, entre otros, a Sampras, Agassi y Monica Seles. También, viajes costeados e invitaciones para los torneos de la gira estadounidense, incluso para las qualy de los Masters 1000. Una estructura cautivante. Así y todo, según Ricardo Collarini, el padre de Andrea, les costó dar el paso adelante. "Fue duro aceptar porque sus amigos, su gente, están en la Argentina, donde vivió desde los dos años. Estamos muy agradecidos a la Asociación Argentina de Tenis; nos apoyó en una gira Cosat, en un Mundial juvenil y en la gira por los últimos Grand Slams. Pero no se puede comparar con nada lo que nos ofrecieron allá. La decisión no fue pensando en el aspecto económico. Andrea está en una etapa donde debe dar el salto de calidad y allá, su futuro es otro. Si nos ofrecían lo mismo de algún emirato, por ejemplo, lo habríamos rechazado, porque el aspecto geográfico también pesó. En Estados Unidos los torneos están cerca uno de otro; perdés el martes a la mañana en Washington y a la tarde estás descansando en Boca Ratón", le explicó a LA NACION Ricardo Collarini. ¿Quién es el proyecto en cuestión? Su padre quería llamarlo Andre, por Agassi, pero por insistencia de la madre finalmente optaron por la versión italiana. Andrea estudió en el Belgrano Day School, en el Master College del mismo barrio, en la Escuela del Caminante de Palermo y cursó los últimos dos años del secundario en el Servicio de Educación a Distancia al Exterior, que beneficia a aquellos alumnos que no pueden estudiar en forma regular. Comenzó jugando al tenis en GEBA, evolucionó al lado de Adrián Greppi, pasó por el club Ciudad y luego por la academia de Fabián Blengino en Parque Norte, hasta unirse a Moyano. También practicaba rugby, pero un día volvió a su casa con un corte en la frente y la madre le prohibió que volviera a tomar la ovalada. Puma, es su apodo. Tiene buena altura (1,81m) y potencia física, y sus espejos son Verdasco, Nadal y Nalbandian. A los 15 años, en un Future disputado en el Vilas Club, logró su primer punto ATP. Firmó contratos con Nike, Yonex e IMG, una de la empresas de representación más poderosas del mundo. Como Juan Martín del Potro, se siente más cómodo sobre cemento y anhela ganar el US Open. A los 16 años, integró equipos albicelestes en diversas competiciones internacionales. Pero en los recientes Odesur, en Medellín, ya no viajó con el equipo que capitaneó Coria. Figura 688° en el ranking de la ATP y 41° en la clasificación junior de la ITF (en esta última aparece como estadounidense). Cientos de adolescentes listos para dar el salto muchas veces se vieron impedidos por la falta de recursos financieros. Así surgió la figura del sponsor particular, que invierte, pero más tarde reclama dividendos; usualmente, un porcentaje sobre las futuras ganancias del jugador. Esa fue otra de las razones que convencieron a Collarini. "Mantener la carrera de un joven que quiere insertarse en el profesionalismo cuesta unos US$ 100.000 por año, y Andrea había hecho casi todo por el esfuerzo familiar -añadió Ricardo-. A veces, los contratos son muy exigentes; hubo jugadores que terminaron en bancarrota. Por eso me duele que haya gente que no entienda la decisión. Es fácil opinar sobre otros. Obvio que a él también le afecta". Con todo un futuro por delante, Collarini puso en la balanza los pro y los contra; pensó, lloró, dudó, respiró hondo y se marchó de su casa con el anhelo de encontrar, algún día, el éxito deportivo. El país norteamericano, con un semillero cada vez más pobre, agradecido... 220 millones es el presupuesto anual aproximado de la USTA, la federación norteamericana de tenis; el mayor ingreso proviene del US Open.

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