25.5.08

El sueño de siempre

Roland Garros fue su sueño y el inicio de su descenso a los infiernos y ahora el argentino Guillermo Coria quiere aprovechar el Grand Slam de París para renacer. "Nunca fui tan feliz en Roland Garros como este año en el que no tengo presión, estoy tranquilo y relajado", afirma el Mago horas antes de regresar al torneo mañana frente al español Tommy Robredo. Coria se encuentra bien, fuerte y con ganas de volver a ser tenista, de retornar a la elite del tenis en la que salió de forma algo abrupta tras perder la final de 2004 contra su compatriota Gastón Gaudio. "Este año el objetivo es ganar algún partido, pero al año que viene vendré a ganar el torneo", señala con la franca sonrisa de alguien que se siente seguro de sus opciones. Claro que Coria le hubiera gustado que su primer rival fuera de menor nivel que Robredo, un perro viejo de la tierra batida que, además, atraviesa un buen momento de forma y que es, además, duodécimo favorito. "Pero tampoco creo que Tommy esté muy tranquilo por jugar contra mí", aseguró. Coria ha ido recuperando su mágico tenis aunque todavía está lejos de la cumbre. A París llegó gracias a una clasificación protegida, porque su puesto en la clasificación no le permitía entrar en el cuadro final de un Grand Slam. Las ganas de jugar Roland Garros le vinieron justo después de haber estado barajando la retirada. El Mago jugaba un torneo menor en Roma y había ganado el primer set. "En ese momento me dije que yo no hacía nada en el tenis, que no tenía ilusión por este deporte, ni siquiera por ganar", afirma. Se volvió a Buenos Aires y en su cabeza daba vueltas la idea de la retirada, de dejar de una vez por todas la raqueta. Pero en ese momento llegó la llamada salvadora procedente de los organizadores del torneo de Barcelona que le invitaron a jugar y le devolvieron las ganas de seguir. Perdió en tres sets en su debut contra el ruso Teimuraz Gabashvili, pero poco importó. "Noté que me faltó ritmo, no tenis", dice. Luego ganó un encuentro en Aarhus y otro en Casablanca, donde cayó contra el francés Marc Gicquel en un buen partido. "Sentí que había recuperado el gusto por el tenis, el amor al juego", afirma. En ese momento se planteó volver a la aristocracia del tenis y ninguna plataforma mejor que Roland Garros. Atrás quedaron los recuerdos tormentosos que Coria asegura que no le traumatizaron. Aquella final frente a Gaudio en la que acabó arrastrándose en la pista tras haber gozado de dos puntos de partido. Entonces se quedó a las puertas de la gloria y lloró. "Pero no fue un trauma, tras aquello volví a estar entre los diez mejores, incluso gané a Nadal una vez", recuerda. Pero los problemas físicos y personales, el cambio en la forma de sacar y la reiteración de dobles faltas, acabaron por hundirle y alejarle de los mejores. A ese grupo quiere volver y trabaja para ello. Coria vuelve a vivir y soñar por el tenis y Roland Garros le da una nueva forma de renacer.

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