10.9.05

Doble falta

El toss (lanzamiento) de Nalbandian y Coria, punto de partida del servicio, un golpe que es decisivo sobre superficies rápidas Los problemas que tuvieron Coria y Nalbandian en sus últimos encuentros en Flushing Meadows reabrieron el debate sobre el saque de los jugadores argentinos, una cuestión que trasciende todas las épocas; otras potencias trabajan el servicio con dedicación especial Después de doce días a puro voltaje e ilusiones con los jugadores argentinos, cuesta recorrer Flushing Meadows y no encontrar rostros o escuchar voces conocidas. Cosas de este circo llamado tenis, en el cual, una vez que aparecen las derrotas, sus protagonistas desaparecen rápidamente, o aprovechan el día como David Nalbandian, que ayer tramitó el visado para China, escala del tenis en la semana próxima. Justamente, el cordobés fue el último en dejar el US Open, tras su eliminación ante el suizo Roger Federer. Y a lo largo del inobjetable partido ganado por el N° 1 del mundo, Nalbandian padeció, el mismo karma que Coria: las dobles faltas. Conectó seis, todas en momentos claves, mientras que su rival no hizo ninguna en todo el partido. Mientras tanto, el jugador de Venado Tuerto, tras haber tenido tres partidos con aceptables rendimientos, sumó 34 (un poco más de ocho games) ante Nicolás Massú y Robby Ginepri. ¿Atrape, como se diría en la jerga? ¿Dudas? La cuestión es que este abierto norteamericano de buen rendimiento para los argentinos –sólo los EE.UU. tuvieron más jugadores que nuestro país en los cuartos de final– arrojó sobre el tapete un viejo dilema de nuestro tenis: el saque. “Ninguno de nosotros tiene un gran saque como los americanos o como Federer. Creo que, normalmente, saco mejor que lo hice ayer. A veces se pierde la confianza en el revés o, en el saque”, sostuvo Nalbandian tras su eliminación ante la consulta de LA NACION, sobre la relación entre el saque y los argentinos. No es un debate nuevo. En los tiempos de Guillermo Vilas ya se hablaba del saque. Durante todo un verano, a principios de los 80, se habló de la pretemporada especial que el tenista argentino más grande de todos los tiempos hizo para mejorar el golpe con el que se inicia el juego. Gabriela Sabatini tenía el mismo problema con el saque. Era su punto flojo y sólo mostró una mejoría en el período que tuvo al norteamericano Dennis Ralston como entrenador. Asimismo, durante mucho tiempo, la enseñanza del saque no fue un punto fuerte del aprendizaje de este deporte en la Argentina. Cualquiera que tomó una clase de tenis, de manera amateur, podrá recordar que el saque es un golpe que se practica los últimos cinco minutos, tal vez porque resulta un ejercicio tedioso. Y según cuentan colegas norteamericanos o australianos, en esos países se tiene un trascendental concepto del golpe porque es, como ya se dijo, el punto con el que se empieza a jugar. Y más allá de que hubo buenos sacadores como José Luis Clerc, Alberto Mancini, Javier Frana, José Acasuso o Agustín Calleri, la Argentina no contó nunca, entre sus jugadores más destacados, con dueños de poderosos servicios como Roscoe Tanner, Pete Sampras, Richard Krajicek o Andy Roddick, por nombrar a algunos. “Considero que se trata de un tema de superficies. Habitualmente, los tenistas formados en canchas lentas no suelen tener buenos servicios. No recuerdo una larga lista de buenos sacadores entre los argentinos y españoles”, dijo Christopher Clarey, especialista de este deporte en The New York Times. Hay que tener en cuenta que el saque es más trascendente para aquellos acostumbrados a jugar en canchas duras, mientras que los argentinos, claro está, se desenvuelven con más soltura en superficies lentas. Daniel García, ex capitán de la Copa Davis, y uno de los dueños de CET (Centro de Entrenamiento de Tenis), academia por la que pasaron Martín Jaite y Guillermo Cañas, entre otros, coincide con la idea: “Estamos trabajando con dos chicos norteamericanos que sacan muy bien, pero no tienen el concepto básico del juego. Tienen lo primero, pero no saben mantener la pelota en juego”. Es evidente que si Sabatini, en ese breve tiempo, pudo mejorar, jugadores como Coria, Nalbandian, Gaudio y compañía tienen todo el potencial para desarrollar el golpe. El jugador de Venado Tuerto hizo un trabajo diferencial con Josep Perlas, su entrenador español, que le dio resultados hasta el día con Massú. “Hay especialistas como el australiano Tony Roche, que trabajó ese aspecto con Patrick Rafter, Ivan Lendl y actualmente lo hace con Roger Federer. Pero también creo que es un tema de empuñadura. El gran sacador inmediatamente se va a la red; el jugador de tierra, está acostumbrado a devolver y a usar otro tipo de empuñaduras. Estar cambiando todo el tiempo no le facilita el juego”, agrega Clarey. Otro déficit, quizá mayor, es el del segundo servicio, el otro problema. “Si bien los profesionales están trabajando en el asunto y, en mi caso, lo he visto a Gaudio trabajar mucho sobre el saque, también es cierto que en los últimos tiempos los chicos trabajan con mayor intensidad en este punto. Lo que ocurre es que, cuando sos chico, no ganás puntos con el saque, sino tratando de asegurar el primero y ganando puntos con el juego. Si el chico juega al revés, no encuentra resultados y ahí se pierde. Es un tema importante en el tenis argentino”, manifestó García. No se trata de restar, sino de sumar más elementos. Hay que recordar que, más allá de esta carencia, los argentinos consiguieron buenos resultados en el circuito. Coria y Nalbandian demostraron que están dentro de un lote selecto, pero, como todo, necesitan un par de pasos más para ingresar en la pelea grande. El US Open volvió a poner sobre el tapete un viejo aspecto. La solución debe encontrarse en la base. Justamente desde donde se cometen las dobles faltas.

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